Espero una respuesta inteligente del público

Reinaldo Miravalles (Lino) y Enrique Molina (Larry Po)

Conversación con Gerardo Chijona a propósito del estreno nacional de Esther en alguna parte, su más reciente largometraje, que cuenta en los roles protagónicos con Reynaldo Miravalles y Enrique Molina…

Por Maya Quiroga Paneque

Esther en alguna parte, el más reciente largometraje del director Gerardo Chijona (La Habana, 1949), tendrá su estreno nacional a partir del 21 de febrero. La coproducción cubanoperuana es una adaptación cinematográfica de la novela homónima del escritor, editor y guionista Eliseo Alberto (Lichi) de Diego (La Habana, 1951-México, 2011).

Para Chijona, la concreción de este filme tiene una relevancia particular por la amistad que le profesaba a Lichi, un autor al que siempre había querido llevar al séptimo arte, en especial desde que conociera su novela Caracol Beach.

Esther en alguna parte es el sueño de tres hombres unidos por fuertes lazos de camaradería y solidaridad. Es el homenaje del director a sus grandes amigos Lichi y el ilustrador y cineasta Constante (Rapi) Alejandro de Diego García Marruz (La Habana, 1949-México, 2006).

Es una idea largamente soñada desde que Lichi se apareció con el primer manuscrito en 2004. La novela salió publicada en 2005, en España por ediciones Espasa Calpe.

Recuerdo que fue Rapi el que dijo: ‘Ahora si vamos a hacer la película’. Pues antes lo habíamos intentado con Caracol Beach (Premio Alfaguara 1998). Pero los sueños se demoran. Hay que tener paciencia, recuerda el director de Adorables mentiras y Boleto al paraíso.

Cuando Rapi murió tuvimos más gasolina para concretar la idea. Hace un par de años hubo una posibilidad más real; contábamos con el apoyo del ICAIC y el financiamiento de Ibermedia para el rodaje. Solo quedaba concretar el guion con Lichi como asesor. Fue un trabajo a cuatro manos con el dramaturgo y director de teatro Eduardo Eimil.

Como la obra es eminentemente literaria, creo que lo más difícil de todo fue buscar la estructura en cine que aglutinara el espíritu de la novela. Primero fuimos fieles al original literario. Luego introdujimos pequeños cambios a los personajes y la historia.

Lichi estuvo casi al borde del infarto cuando los cambios a los personajes y a las relaciones temporales fueron más drásticas por un problema de síntesis cinematográfica.

Al final, Lichi dijo: ‘La película es de ustedes’. Como él también fue guionista y había escrito las novelas Caracol Beach y La fábula de José partiendo de los guiones, conocía cuál es el lenguaje del cine. A partir de ese momento, Eimil y yo trabajamos duro hasta tener la versión final del guion.

Mientras estábamos en México, terminando el subtitulaje de Boleto al paraíso para participar en el Festival de Sundance, vimos con Lichi la última versión del guion. Él sugirió los cambios finales y yo filmé el guion que aprobó. Por ese lado estoy tranquilo.

En el filme la relación entre Lino y Larry es un reflejo de la amistad que existió entre Lichi, Rapi y yo. Es una mirada muy personal sobre la amistad. Además, trabajé en el rodaje con el staff de amigos que siempre me han acompañado en estas lides.

¿Cómo llega Reynaldo Miravalles al papel de Lino, luego de 20 años de ausencia de nuestras pantallas?

Reynaldo Miravalles (La Habana, 1923) estaba pensado para ese papel desde el guion. Siempre fue parte del paquete —en Hollywood se le llama paquete a cuando uno arma la película.

Afortunadamente, pudimos contar con él a pesar de su avanzada edad (acaba de cumplir 90 años). La vida nos dio el regalo de tener a Miravalles nuevamente en Cuba, en una película cubana y haciendo una historia con la cual él se identifica mucho.

Todo el mundo quería compartir el rodaje con él. Por suerte, Enrique Molina era su amigo y habían coincidido en algunos proyectos juntos. Sabía que Molina podía aguantarle la pegada, porque Miravalles es un peso pesado. Hay que poner un buen actor de estirpe para que se caiga a piñazos con él en el set.

Creo que fue una elección muy certera, casi milagrosa, que Molina estuviera en la película, porque constituyó una experiencia muy linda verlos a ellos dos, en un duelo, durante todo el filme, donde aparecen casi todo el tiempo en pantalla intercambiando ideas y acciones físicas.

Miravalles ha comentado en entrevistas a la prensa: Esta película es de viejos sino, no me hubiesen invitado. Los actores más famosos de Estados Unidos están en sus casas, no en el cine, porque el cine es para jóvenes. Teniendo en cuenta que esa es una realidad universal, ¿por qué decidió rodar un largometraje sobre la tercera edad?

Es un tema poco abordado en el cine cubano. No recuerdo otra película con esa temática desde Reina y Rey (director Julio García Espinosa).

Por eso hablé con otros amigos, también de la tercera edad, para que participaran en la película: Daysi Granados, Eslinda Núñez, Paula Alí, Alicia Bustamante, Elsa Camps y Verónica Lynn, con quien nunca había trabajado anteriormente.

En ese sentido fue realmente como una fiesta. Más aún sabiendo que tenía el privilegio de traer a Miravalles de vuelta a la escena cubana.

¿En qué registro se mueve Esther en alguna parte? ¿Guarda puntos de contacto con su cinematografía anterior?

Personalmente, siento que la película más cercana a Esther… es Adorables mentiras. Ambas tocan el tema de la condición humana. Cada una desde miradas y abordajes distintos pero desde vivencias personales. Adorables mentiras es mucho más cínica, descreída, triste. Esther… tiene un final un poco más optimista, aunque Lichi siempre dijo que era una comedia triste.

Boleto al paraíso es una película un poco oscura, trágica, desgarradora, que transcurre casi todo el tiempo de noche y con actores muy jóvenes, casi sin experiencia. Después de eso tenía que virarme al otro extremo y cambiar de alguna manera. A lo mejor mi próxima película sea trágica también.

Ahora sentía la necesidad de un cambio en mi filmografía. Esther… era la papeleta indicada para el tipo de cine que buscaba hacer: la comedia más sutil, más sugerente. No es una película de grandes carcajadas aunque puede tener escenas duras.

Busca la complicidad con el espectador por lo que se sugiere, lo que se expresa a través de los silencios, lo sumergido por debajo de la historia. Siento que eso le puede dar complejidad y llevar a una reflexión cuando las personas partan del cine luego de la función.

¿Cuál es el superobjetivo que se trazó con Esther en alguna parte?

De alguna manera expresar cuán grande puede ser la amistad entre dos seres humanos que aparentemente no tienen nada en común y son como aceite y vinagre.

Lo más lindo que puede quedar de la película es la reflexión sobre la llegada del momento en que uno empieza a pensar en su vida y sabe hasta dónde ha sido útil o no, hasta dónde ha sido feliz o no.

Lino Catalá (Miravalles), una persona que ronda los 90 años, hace un balance y revisa su vida. Salda cuentas con su mujer y decide, en el espacio de tiempo que le queda antes de la muerte, darse una oportunidad para tratar de ser feliz.

¿Qué expectativas tiene con el estreno nacional del filme?

Cuando uno termina una película deja de pertenecerle, es del que la ve. Hay que tener una bola de cristal para saber cómo va a reaccionar el público.

Contar con Reynaldo para el estreno es una fiesta. Esperamos celebrar su cumpleaños 90 en Cuba. Pienso que hay una generación a la cual le resultará atractivo volver a verlo en la pantalla (aún se recuerdan sus papeles del guajiro Melesio y del alzado Cheíto León), pero igual, otras generaciones no lo conocieron.

No sé como lo recibirá cada sector del público que vea la película. Quisiera que disfrutaran el filme. Para eso es el cine y el espectáculo. Cada quien asume distinto la historia que tiene un nivel de complejidad, de actuación, de factura. Espero una respuesta inteligente del público.

¿Y después de Esther… que vendrá?

Uno siempre vale lo que su última película. Boleto… funcionó muy bien, sobre todo fuera de Cuba, e inmediatamente me abrió la posibilidad de rodar Esther… Dos películas en tres años, es algo casi insólito en mi carrera.

Siento que del destino de Esther… depende de cuán rápido pueda entrar en otros futuros proyectos. Estoy trabajando en dos guiones completamente distintos. Están casi listos, lo que falta es el financiamiento.

El primero, es el viejo sueño de rodar Caracol Beach, una película muy trágica. El otro, es una comedia homenaje al cine de Woody Allen. Uno sueña, pero la realidad es la que decide.

En este mundo se hace la película que se puede y no la que se quiere. A lo mejor, de pronto, aparece otra distinta que no estaba en el radar.

Lo que anhelo es trabajar. Donde me siento realmente feliz y útil es en un set de cine, diciendo: ¡Acción! Viviendo la relación, tan especial, que se establece entre los actores y el equipo. Eso es lo nuestro.

Chijona tiene motivos para celebrar. Obtuvo el financiamiento para el proceso de hinchado del filme a 35 milímetros. Insiste en que apunte que la música del filme es de la autoría de José María Vitier, otro de sus grandes amigos. La fotografía de Esther… se debe a Rafael Solís, el productor fue Evelio Delgado y la editora Miriam Talabera.